El programa Copernicus es un proyecto desarrollado por la Unión Europea (UE) y la Agencia Espacial Europea (ESA) con el objetivo de combatir el cambio climático desde el espacio. Con los datos obtenidos por sus satélites Sentinel, la Comisión Europea (CE) y los países miembros crean políticas para reducir el impacto del ser humano en el medio ambiente.

Estos días se está hablando mucho sobre el programa Copernicus y el Sentinel-2 por la aportación tan fundamental que está teniendo a la hora de monitorizar la erupción de La Palma desde el espacio. Pero ¿cómo está ayudando y por qué el Sentinel-2 es el más indicado? Os lo explico.

La misión Sentinel-2 se basa en una constelación de dos satélites idénticos, Sentinel-2A (lanzado en 2015) y Sentinel-2B (lanzado en 2017), volando en la misma órbita, pero separados 180° entre sí para una cobertura y tiempo de revisita óptimos. Cada cinco días los satélites cubren todas las superficies terrestres, grandes islas y aguas costeras. Los sistemas llevan una cámara multiespectral de alta resolución, con 13 bandas espectrales que aportan una nueva perspectiva de la superficie terrestre y la vegetación. La combinación de la alta resolución y las capacidades espectrales, así como un campo de visión que abarca 290 kilómetros de anchura y sobrevuelos frecuentes, proporciona vistas de la Tierra sin precedentes.

La misión proporciona información útil para las prácticas agrícolas y forestales. Las imágenes de los satélites suelen ser empleadas para determinar varios índices vegetales, como el área con clorofila en la hoja y el contenido en agua. Esto es especialmente importante para predecir la producción de las cosechas, y para aplicaciones relativas a la vegetación de la Tierra.

Además de para vigilar el crecimiento de las plantas, Sentinel-2 puede mapear el estado y los cambios de la superficie terrestre, por ello se está usando en la erupción volcánica de La Palma estos días. Además, alertará de la contaminación en lagos y aguas costeras. Las imágenes de erupciones volcánicas y deslizamientos contribuirán a gestionar las consecuencias de estos desastres, y ayudarán en las tareas de ayuda humanitaria.

Colaboración público-privada

El satélite Sentinel-2A es el resultado de una colaboración estrecha entre la ESA, la Comisión Europea, la industria, los proveedores de servicios y los usuarios de datos. Ha sido diseñado y construido por un consorcio de 60 compañías liderado por Airbus Defence and Space, con el apoyo de la Agencia Espacial Francesa (CNES) para optimizar la calidad de las imágenes, y del Centro Aeroespacial Alemán (DLR) para mejorar la recuperación de datos mediante comunicaciones ópticas.

Actualmente, la misión Sentinel-2 va a ser ampliada y en los próximos años se lanzará el satélite Sentinel-2C, que, al igual que sus precursores, ofrecerá imágenes ópticas desde el rango visible hasta el infrarrojo de onda corta del espectro electromagnético. Desde una altitud de 786 kilómetros, el satélite de 1,1 toneladas permitirá seguir tomando imágenes en 13 bandas espectrales con una resolución de 10, 20 o 60 metros y una anchura de barrido única de 290 kilómetros.

La estructura del telescopio y los espejos son de carburo de silicio para proporcionar una estabilidad óptica muy elevada, minimizando la deformación termoelástica, lo que da lugar a una buena calidad geométrica de la imagen.

El programa espacial Copernicus es una iniciativa conjunta de la Unión Europea y la ESA, que es responsable de su componente espacial, en la que participa España de forma muy activa.

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